Málaga ha vuelto a confirmar su condición de uno de los destinos de Semana Santa más importantes del mundo, con una edición 2026 marcada por una asistencia récord, una intensa emoción y una organización excepcional.
Combinando siglos de tradición con un ambiente moderno y vibrante, las celebraciones de este año han alcanzado una intensidad extraordinaria. Desde las calles impregnadas de incienso a primera hora de la tarde hasta el sobrecogedor sonido de las saetas que resuenan desde los balcones por la noche, la ciudad se ha transformado en un escenario vivo de devoción.
El centro histórico se ha llenado por completo, con miles de vecinos y visitantes internacionales congregados en calles emblemáticas como Calle Larios y la Tribuna de los Pobres. El buen tiempo ha permitido que todas las procesiones completaran su recorrido, lo que ha contribuido a que muchos la consideren una de las ediciones más exitosas de los últimos años.
En el corazón de las celebraciones están las cofradías, cuyas procesiones combinan un profundo significado religioso con una notable belleza visual. Los enormes tronos, portados por entregados hombres de trono, avanzan lentamente por la ciudad, simbolizando no solo la fe, sino también el espíritu colectivo de Málaga.
Este año también ha destacado por la calidad de los acompañamientos musicales y por unos exornos florales excepcionales; los expertos han elogiado el arte y el cuidado del detalle como de lo mejor que se recuerda.
El Lunes Santo dejó momentos especialmente emotivos, como la salida de la Crucifixión y de los Gitanos, así como escenas conmovedoras a lo largo de los recorridos. Aplausos, vítores e incluso lágrimas acompañaron el paso de las veneradas imágenes, sobre todo por el emblemático puente de la Aurora.
El obispo José Antonio Satué, presente en la tribuna oficial, se dirigió a las nuevas generaciones de malagueños y los animó a buscar la verdad y la integridad incluso ante las dificultades.
Mientras la semana avanza hacia el Domingo de Resurrección, Málaga sigue inmersa en un ambiente único de devoción y celebración, que reafirma la Semana Santa no solo como un acontecimiento religioso, sino como una profunda experiencia cultural que cautiva a todo el que la presencia.
Fuente: Sur In English, abril de 2026



